February 2, 2006

Mi unicornio azul

by Sparhawk
Categories: Divagues, Personales
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Mi unicornio y yo hicimos amistad,

un poco con amor, un poco con verdad,

con su cuerno de añil pescaba una canción,

saberla compartir era su vocación.

Mi unicornio azul ayer se me perdió,

y puede parecer acaso una obsesión,

pero no tengo mas que un unicornio azul

y aunque tuviera dos, yo solo quiero aquel.

Cualquier información la pagaré.

Mi unicornio azul,

se me ha perdido ayer,

se fue.

Silvio Rodríguez

Hay muchas cosas que se encuentran, disfrutan, son dejadas atrás, y algunas veces son reencontradas. Los reencuentros pueden ser melancólicos; a veces los encuentros mismos, así de primera, son melancólicos y uno tiene que digerirlos como aparecen. Supongo que es parte de vivir.

Hablando de reencuentros melancólicos, hace unas semanas hice el esfuerzo de limpiar el cuarto de los juguetes en el sótano de casa. Nuestro sótano no cae dentro del estereotipo de las casas típicas de Sudamérica, donde usualmente se les usa como sitio de almacenamiento de víveres, conservas y otras cosas. Los sótanos en el norte, quizás en su mayoría (a excepción de una minoría en nuestro sur), son lugares habitables. En nuestro caso, el nuestro abarca el perímetro completo de la casa, es decir, es como tener un segundo piso en el subsuelo, con cuatro cuartos, uno en cada esquina, uno de ellos para las visitas, otro para la lavadora y secadora, otro para la biblioteca y escritorio y el último es donde se guardaban los juguetes de los nenes. En el medio del sótano existe un gran espacio vacío que usamos como otro “living room”. Allí es donde los críos pasan la mayor parte del tiempo mirando TV y también en el escritorio, ahora mucho más en la computadora que jugando con juguetes.

Sin embargo, los niños crecen; Adriel ya tiene dieciséis y Amarís once. Adriel hace bastante que no juega con juguetes y Amarís piensa que el inicio de la secundaria es donde las muñecas pasan a la obsolescencia. Pero los juguetes quedan detrás. Muchos. Innumerable e inmóviles. Lisiados permanentes, desperdigados por el piso, faltos de la ayuda de pequeñas manos que muevan sus partes, vistan o desvistan, les hagan dar saltos, morir mil muertes para resucitar otras tantas veces, hacerles protagonistas de guerras ficticias o compañeros de fiestas tan reales a los ojos de un niño que los juguetes son personas. Las fronteras de la realidad son tenues en la niñez, quizás de la misma forma en que las fronteras políticas no existen como líneas en la superficie terráquea. Adultez parecería ser el artista que pinta esas marcas definitorias que nos rodean y confinan. ¿Cuál versión de la realidad es la verdadera? ¿La de la niñez o la de nosotros los adultos? De cierta forma, todos tenemos algo de Peter Pan, por lo menos como deseo latente de que aquello que nos rodea en la vida cotidiana no sea “toda” la realidad que existe.

Singing Unicorn Blue-1

Creo que aquellos que compartimos la experiencia de ser padres, no los niños en si, que después de todo transitan naturalmente por sus tempranos años,  nos enfrentamos a ese choque de realidades al momento de descartar juguetes que no ha sido tocados por un par de años. Es un testimonio de transición como hay pocos.

Descarté muchos juguetes, cinco o seis bolsas grandes de basura llenas hasta el tope, pero conservé casi todos los peluches y un montón de Barbies, la mayoría desnudas. Uno de los peluches es un unicornio azul. Yo lo encontré.