{"id":8,"date":"2004-07-20T14:49:13","date_gmt":"2004-07-20T18:49:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/?p=8"},"modified":"2004-07-20T14:49:13","modified_gmt":"2004-07-20T18:49:13","slug":"marinero_te_doy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/2004\/07\/20\/marinero_te_doy\/","title":{"rendered":"Marinero, te doy mi adi&oacute;s"},"content":{"rendered":"<p>Los marineros&#8211;seres fascinantes, ex&oacute;ticos y extra&ntilde;os&#8211;crean con su rara presencia un vac&iacute;o que es obligatorio ser llenado con historias. Casi nunca aqu&iacute;, siempre por all&aacute; y donde el &#8220;all&aacute;&#8221;, siempre misterioso y lejano, es sin lugar a dudas aquello a lo que, los que escuchamos atentamente, queremos ser transportados. Prestando oidos y con un esp&iacute;ritu curioso, escuchamos relatos de lugares, juergas y andanzas que, como regla general, son aventuras p&iacute;caras, c&oacute;micas y divertidas. Otras veces, &iquest;porqu&eacute; no?, son cuentos de peleas donde invariablemente, si el es el protagonista, el vencedor es siempre el relator. Las leyes de causas y efectos parecen no tener una sucesi&oacute;n l&oacute;gica en la vida del marinero. Las cosas pasan porque pasan y uno debe vivir la experiencia por sus ojos y sus relatos.<br \/>\nEl marinero es una paradoja: personas sumamente sociables, ellos pueden vivir meses confinados en una prisi&oacute;n flotante de hojalata sin siquiera pensarlo y sin embargo se sienten encerrados cuando permanecen en tierra firme por poco tiempo. No ven al mar como el l&iacute;mite h&uacute;medo y peligroso que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la borda; para ellos la borda es la orilla, la cual, vista desde el mar, les separa de la tierra. La orilla es donde est&aacute; el verdadero peligro, lo desconocido. La tierra firme peligra la libertad del marinero. &iquest;Qui&eacute;n de ellos se puede resistir, una vez experimentado, a no a&ntilde;orar secretamente al beso sensual de Iemanj&aacute;, ese sabor salado del salpicar del mar?<br \/>\nYo me cri&eacute; con esas historias; sin buscarlas, ellas me han perseguido desde siempre. Mi padre fue marinero. Trabajo con marineros. Vivo del mar sin navegarlo. Hoy en d&iacute;a, un marinero en particular es el que me ocupa el coraz&oacute;n. No porque est&aacute; aqu&iacute; para seguir cont&aacute;ndonos sus historias sino porque se nos fue a navegar sin pasaje de vuelta. Nuestro Nando&#8211;tio Nando, Fernando, Freddy&#8211;se ha ido para seguir contando sus historias en otra parte, otros puertos; all&iacute; donde, los que nos quedamos en esta playa, no lo podemos escuchar. No importa, los cuentos ser&aacute;n casi siempre los mismos y esos son aquellos que, si en verdad prestamos atenci&oacute;n, recordaremos y nos haran sonreir.<br \/>\nUn buen d&iacute;a Nando decidi&oacute; probar suerte en tierra; cambiar su libertad por el amor de una mujer; volver a ser padre. Lo fue antes y reg&oacute; su semilla pero su mar-amante, implacable, le reclam&oacute; y a ella volvi&oacute;. Sin embargo, esta vez resisti&oacute; sus demandas y se qued&oacute;. Es all&iacute; donde un d&iacute;a le vinieron a buscar para no volver. Iemanj&aacute;, amante eterna y tolerante, le dej&oacute; ir sabiendo que cuando lo deseara podr&iacute;a pedirle nuevamente. Ese d&iacute;a pas&oacute; este domingo.<br \/>\nNando pas&oacute; su vida en tierra firme dedicado al amor de la mujer que con ternura y firmeza le pudo brindar un desahogo, un descanzo a sus aventuras. Con ella levantaron un techo y pudieron criar a un var&oacute;n que, tambi&eacute;n por amor, adopt&oacute; su nombre y que recordar&aacute;, no solo con orgullo al marinero de otrora, pero tambi&eacute;n con gran amor al padre que en vida supo ser.<br \/>\nLas aventuras de Nando no terminan; solo empiezan. No me quiero entristecer porque se fue. Prefiero dar gracias por el tiempo que nos estuvo prestado: el tiempo que el nos prest&oacute;. Las partidas son dif&iacute;ciles pero recordar&eacute; sus aventuras sabiendo que en la otra orilla seguir&aacute; en las suyas; que en realidad habr&aacute; vuelto a casa. Que aquello que llamamos Dios le dar&aacute; vida enterna y que, en ese mar de la eternidad, d&aacute;ndole una p&iacute;cara bienvenida, Iemanj&aacute; le cobijar&aacute; en su amoroso seno.<br \/>\nMe despido pues, Nando. Te deseo buena suerte y eternas aventuras. Saco mi pa&ntilde;uelo blanco para que desde la borda me puedas reconocer. Hasta pronto. Marinero, te doy mi adi&oacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los marineros&#8211;seres fascinantes, ex&oacute;ticos y extra&ntilde;os&#8211;crean con su rara presencia un vac&iacute;o que es obligatorio ser llenado con historias. Casi nunca aqu&iacute;, siempre por all&aacute; y donde el &#8220;all&aacute;&#8221;, siempre misterioso y lejano, es sin lugar a dudas aquello a lo que, los que escuchamos atentamente, queremos ser transportados. 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