{"id":169,"date":"2006-06-22T13:20:30","date_gmt":"2006-06-22T17:20:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/?p=169"},"modified":"2006-06-22T13:20:30","modified_gmt":"2006-06-22T17:20:30","slug":"carta_del_caciq","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/2006\/06\/22\/carta_del_caciq\/","title":{"rendered":"Carta del Cacique Seattle al Presidente norteamericano Franklin Pierce (1855)"},"content":{"rendered":"<p>La actual situaci&oacute;n del ecosistema del planeta , confiere a este texto del Jefe piel roja un alcance prof&eacute;tico, que debe sumarse a su notable sensibilidad. Publicada en el diario El Pa&iacute;s de Montevideo, en su edici&oacute;n del domingo 2 de marzo de 1997, se trata de la carta que el cacique Seattle de la tribu Suwamish envi&oacute; al presidente norteamericano Franklin Pierce en 1855, en respuesta a la oferta de compra de todas las tierras de esa comunidad ind&iacute;gena por el gobierno de Washington. La carta del Jefe Seattle merece una lectura muy detenida y dice as&iacute; :<br \/>\nCOMO TERMINA LA VIDA<br \/>\n&#8220;El gran jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. Tambi&eacute;n nos env&iacute;a palabras de amistad y buena voluntad.  Apreciamos esa gentileza porque sabemos que nuestra amistad no le hace mucha falta. Vamos a considerar su oferta, porque sabemos que de no hacerlo el hombre blanco podr&aacute; venir con sus armas de fuego y tomar nuestras tierras.<br \/>\nPero el gran jefe de Washington podr&aacute; confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos conf&iacute;an en el ciclo  de las estaciones. Mis palabras son inmutables, igual que las estrellas.&#8221; &#8220;&iquest;C&oacute;mo pueden comprar o vender la tierra?. &iquest;C&oacute;mo pueden comprar el cielo o el agua? Esta idea nos parece extra&ntilde;a. No somos due&ntilde;os de la frescura del aire ni del contenido del agua que corre. Deber&iacute;an saber que cada part&iacute;cula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja que reluce en la planta, cada playa arenosa, cada neblina en la penumbra del bosque, cada claro del follaje,  y cada insecto con su zumbido y su vuelo, son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula dentro de los &aacute;rboles guarda la memoria del hombre piel roja.&#8221; &#8220;Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra natal cuando se van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos , en cambio, jam&aacute;s olvidan esta hermosa tierra porque  ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte inseparable de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas ; el venado, el caballo y el &aacute;guila majestuosa son nuestros hermanos. Las crestas rocosas, el verde de las praderas, el calor corporal del potrillo y tambi&eacute;n el hombre, todos pertenecen a la misma familia.&#8221;<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nLA VOZ DEL PADRE DE MI PADRE<br \/>\n&#8220;Por eso cuando el gran jefe de Washington  manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. Manda decir que nos reservar&aacute; un lugar para que podamos vivir c&oacute;modamente entre nosotros : el ser&aacute; nuestro padre y nosotros seremos como sus<br \/>\nhijos. Por eso consideramos su oferta de comprar nuestras tierras, aunque ello no ser&aacute;  f&aacute;cil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua que corre por los r&iacute;os no es solamente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos estas tierras, tendr&aacute;n que recordar que son sagradas y deber&aacute;n ense&ntilde;ar a sus hijos que cada reflejo fantasmal en la superficie de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de la corriente de agua es la voz del padre de mi padre.&#8221; &#8220;Los r&iacute;os son nuestros hermanos y calman nuestra sed. Llevan nuestras canoas y alimentan a nuestra gente. Si vendemos estas tierras, deber&aacute;n recordar y ense&ntilde;ar a sus hijos que los r&iacute;os no son solamente nuestros hermanos, sino que tambi&eacute;n son hermanos de ustedes. En adelante deber&aacute;n dar a los r&iacute;os el trato bondadoso que  dar&iacute;an a cualquier<br \/>\notro hermano.&#8221; &#8220;Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque &eacute;l es un extra&ntilde;o que llega en medio de la noche a llevarse lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Luego de haberla conquistado, la abandona y sigue su camino. Deja detr&aacute;s de &eacute;l las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la  sepultura de sus antepasados y los derechos de sus descendientes. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo, como si fueran cosas que pueden comprarse, saquearse o venderse, como si se tratara de corderos o cuentas de vidrio. Su insaciable voracidad terminar&aacute; por devorar la tierra y dejar&aacute; tras s&iacute; s&oacute;lo un desierto.&#8221;<br \/>\nLO QUE NO SE COMPRENDE<br \/>\n&#8220;No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la de ustedes. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre piel roja. Pero tal vez sea as&iacute; porque el hombre piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ning&uacute;n lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ning&uacute;n lugar en donde pueda escucharse el crecimiento de las hojas de un &aacute;rbol en primavera o el rozar de las alas de un insecto durante el vuelo. Pero quiz&aacute; yo piense as&iacute; porque soy un salvaje y no puedo comprender ciertas cosas.&#8221; &#8220;El ruido de la ciudad parece insultar los o&iacute;dos . Me pregunto que clase de vida puede llevarse cuando el hombre no es capaz de escuchar el grito de las garzas o el di&aacute;logo nocturno de las ranas alrededor de una laguna. Yo soy un piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cara del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediod&iacute;a o perfumado por el aroma de los pinos. El aire es algo precioso para el hombre piel roja, porque todas las cosas comparten el mismo aliento :  el animal, el &aacute;rbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira : igual que alguien que pasara varios d&iacute;as agonizando, se ha vuelto insensible al hedor. Pero si le vendemos nuestras tierras, deber&aacute; dejarlas aparte y mantenerlas como algo sagrado, como un sitio al cual podr&aacute; llegar el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.&#8221; &#8220;Consideraremos la oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondr&eacute; una condici&oacute;n : que el hombre blanco deber&aacute; tratar a los animales de esta tierra como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de comportarse con ellos. He visto miles de b&uacute;falos pudri&eacute;ndose sobre la pradera, abandonados all&iacute; por el hombre blanco que les dispar&oacute; desde un tren en marcha. Soy un salvaje y por lo tanto no comprendo como el humeante &#8220;caballo de vapor&#8221; puede ser m&aacute;s importante que el b&uacute;falo al que nosotros s&oacute;lo matamos para poder vivir. &iquest;Qu&eacute; es el hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran, el hombre morir&iacute;a de una gran soledad de esp&iacute;ritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habr&aacute; de ocurrirle tambi&eacute;n al hombre. Todas las cosas est&aacute;n relacionadas entre s&iacute;.&#8221;<br \/>\nLA TIERRA ES LA MADRE<br \/>\n&#8220;Ustedes deber&aacute;n ense&ntilde;ar a sus hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, ustedes deber&aacute;n decir a sus hijos que la tierra est&aacute; llena de la vida de nuestros antepasados. Deber&aacute;n ense&ntilde;ar a sus hijos lo que nosotros hemos ense&ntilde;ado a los nuestros : que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra, afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen en el suelo, se escupen<br \/>\na s&iacute; mismos.&#8221; &#8220;Esto lo sabemos : la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida, es apenas una hebra de ella. Todo lo que haga para da&ntilde;ar a esa red, se lo har&aacute; a s&iacute; mismo. Lo que ocurre a la tierra, suceder&aacute; tambi&eacute;n a los hijos de la tierra. Lo sabemos : todas las cosas est&aacute;n relacionadas entre s&iacute;, como la sangre une a los miembros de una familia.&#8221;<br \/>\n&#8220;A&uacute;n el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con &eacute;l y conversa con &eacute;l de amigo a amigo, no puede estar libre del destino com&uacute;n. Quiz&aacute; seamos hermanos despu&eacute;s de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco sabr&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a : que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora el hombre blanco piensa que es due&ntilde;o de nuestras tierras, pero no podr&aacute; serlo. El Dios de todos es Dios de la Humanidad y Su compasi&oacute;n es igual para el piel roja y para el blanco. Esta tierra es preciosa para El y causarle da&ntilde;o significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos desaparecer&aacute;n tal vez antes que las dem&aacute;s tribus. Si contaminan sus camas, morir&aacute;n alguna noche sofocados por sus propios desperdicios. Pero a&uacute;n en su hora final, se sentir&aacute;n iluminados por la idea de que Dios los trajo a esta tierra y les dio dominio sobre ella y sobre el hombre piel roja con alg&uacute;n prop&oacute;sito especial. Tal destino es un misterio para nosotros, porque no comprendemos lo que suceder&aacute; cuando los b&uacute;falos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los rincones de todos los bosques despidan olor a muchos hombres y cuando la vista de las verdes colinas est&eacute; cerrada por un enjambre de cables parlantes. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el espeso bosque? Desapareci&oacute;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el &aacute;guila? Desapareci&oacute;. As&iacute; terminar&aacute; la vida y comenzar&aacute; el sobrevivir.&#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La actual situaci&oacute;n del ecosistema del planeta , confiere a este texto del Jefe piel roja un alcance prof&eacute;tico, que debe sumarse a su notable sensibilidad. 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