{"id":100,"date":"2005-09-08T14:24:09","date_gmt":"2005-09-08T18:24:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/?p=100"},"modified":"2005-09-08T14:24:09","modified_gmt":"2005-09-08T18:24:09","slug":"uruguay_es_una","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/2005\/09\/08\/uruguay_es_una\/","title":{"rendered":"Uruguay es una chica anor&eacute;xica"},"content":{"rendered":"<p>Una nota salida en el diario El Observador de Montevideo. Me cay&oacute; simp&aacute;tica y muy cierta la observaci&oacute;n de la periodista.<br \/>\n=========================================<br \/>\nUruguay es una chica anor&eacute;xica<br \/>\nNuestra extranjera habla de las bondades del pa&iacute;s y le realiza un diagn&oacute;stico<br \/>\npor Leila Macor<br \/>\nCuando hace varios a&ntilde;os anunciamos, mi esposo y yo, que vendr&iacute;amos a vivir a Uruguay, los uruguayos radicados en Venezuela se preocuparon por augurarnos un demoledor futuro.<br \/>\nEl argumento de la mayor&iacute;a era que no ten&iacute;a sentido dejar una ciudad con un clima tan espl&eacute;ndido como el de Caracas por el fr&iacute;o y ventoso Montevideo. Pero para m&iacute; el tiempo nunca hab&iacute;a sido tema de conversaci&oacute;n y, adem&aacute;s, el invierno era un emocionante evento clim&aacute;tico que yo s&oacute;lo hab&iacute;a visto en las pel&iacute;culas y que me parec&iacute;a m&aacute;s ex&oacute;tico que mortificante. De modo que no me asust&oacute;.<br \/>\nOtros uruguayos en Venezuela me aseguraron, con esa expresi&oacute;n de quien necesitar&aacute; luego decir &#8220;te lo advert&iacute;&#8221;, que Uruguay era un pa&iacute;s triste, gris y aburrido y que no soportar&iacute;a m&aacute;s de seis meses en &eacute;l. Pero esa amenaza de grisura tampoco me detuvo. De cierto modo tambi&eacute;n era una promesa de exotismo, como meterme dentro de un fotograma de una pel&iacute;cula centroeuropea.<br \/>\nYo s&oacute;lo sab&iacute;a que era un lugar pac&iacute;fico y tranquilo y eso era lo &uacute;nico que quer&iacute;a entonces. (Y lo he recibido con creces). Porque una ciudad donde los parques no est&aacute;n cercados por vallas met&aacute;licas por temor a que al primer pesta&ntilde;eo de los padres los ni&ntilde;os sean secuestrados y sus &oacute;rganos vendidos, me parec&iacute;a y me sigue pareciendo estupenda.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nEn mi imaginario personal Montevideo era una ciudad m&iacute;tica, a la par de Buenos Aires, Nueva York o Londres; una de las protagonistas del boom latinoamericano; cuna de algunos de los mejores narradores del continente; la Suiza de Am&eacute;rica &#8211;poblada de gente convencida de que Suiza era el Uruguay de Europa&#8211;; en fin, una sociedad de bienestar o algo parecido.<br \/>\nBasta ver la Rambla para convencerse. Cada vez que sale un rayo de sol se transforma en el t&iacute;pico paisaje de un folleto evang&eacute;lico: padres que ense&ntilde;an a jugar f&uacute;tbol a sus hijos que todav&iacute;a no se mantienen en equilibrio, ni&ntilde;os que corretean con sus mascotas o viceversa, globos y cometas que se enredan en el aire, y malandras y rockeros que sacan a pasear a sus abuelitas con el mate bajo el brazo. Evang&eacute;lico y enormemente democr&aacute;tico.<br \/>\nEnvueltos en ese misticismo nos vinimos. Nuestro primer apartamento era fr&iacute;o, oscuro, h&uacute;medo, m&iacute;nimo, interior, sin un mueble, sin calefacci&oacute;n, sin siquiera calef&oacute;n, sin cocina en la cocina, sin un solo estante, viejo, helado y maloliente. A m&iacute;, en definitiva, me encant&oacute;. S&oacute;lo pod&iacute;a haber sido superado por una pensi&oacute;n regenteada por una vieja desdentada, con ba&ntilde;o compartido por diez habitaciones, donde tuviera como vecinos a dos travestis, un dealer y un mutante escapado de un circo.<br \/>\nLos &uacute;nicos muebles eran cajas de cart&oacute;n que, en un in&uacute;til intento decorativo, cubr&iacute; con los enormes pa&ntilde;uelos italianos que me regala mi madre de vez en cuando y que nunca he aprendido a ponerme alrededor del cuello sin que parezca tener intenciones de suicidarme.<br \/>\n&iquest;A qu&eacute; viene todo esto? A que, a pesar de las dificultades, nunca me imagin&eacute; que la mayor de ser&iacute;a el empe&ntilde;o de los mismos uruguayos en desalentarme.<br \/>\n&#8211;&iquest;Y vos qu&eacute; hac&eacute;s ac&aacute;?&#8211; es la primera pregunta que se le hace aqu&iacute; a cada extranjero que aparece, apenas uno musita un &#8220;buen d&iacute;a&#8221; y revela su acento. Si la respuesta es tan vaga como la m&iacute;a (vine porque me gusta), me miran como si fuera una extraterrestre. Las &uacute;nicas respuestas que los uruguayos aceptan como v&aacute;lidas son:<br \/>\n&#8211;Soy encargado de negocios de la embajada de Kenia.<br \/>\n&#8211;Me enamor&eacute; de un uruguayo\/a.<br \/>\n&#8211;Vine a pasar aqu&iacute; mi jubilaci&oacute;n.<br \/>\n&#8211;Me busca la Interpol.<br \/>\nAnte cualquiera de ellas, el curioso asiente, medianamente satisfecho, porque comprende que hay razones que, en contra de la voluntad del extranjero, lo fuerzan a permanecer aqu&iacute;. De modo que con mayor o menor conmiseraci&oacute;n lo dejan en paz. Lo que sin embargo no logran aceptar es que uno viva ac&aacute; por la mera voluntad de hacerlo. Y fue as&iacute; como, lo que al principio fue para m&iacute; una aventura clim&aacute;tica &#8211;vivir en un pa&iacute;s con estaciones y de aspecto centroeuropeo -, es ahora una militancia con todas las palabras.<br \/>\n&#8211;&iquest;Dise&ntilde;ador gr&aacute;fico? &#8211;le dijeron una vez a mi esposo&#8211;. &iquest;Y vos ven&iacute;s ac&aacute; para trabajar en eso? &iexcl;Te vas a corroer!<br \/>\nUna amiga espa&ntilde;ola, corresponsal en Uruguay, debi&oacute; escuchar esta versi&oacute;n de la misma pregunta: &#8220;&iquest;Y vos por qu&eacute; te viniste a enterrar ac&aacute;?&#8221;<br \/>\nOtra extranjera conocida le explicaba a su futura casera los motivos por los que hab&iacute;a venido al pa&iacute;s, cuando la mujer la mir&oacute; con l&aacute;stima y exclam&oacute;: &#8220;&iexcl;Ay, pobre!&#8221;<br \/>\nConoc&iacute; a otra espa&ntilde;ola que hab&iacute;a venido por su propia voluntad, e incluso hab&iacute;a encontrado un buen trabajo, pero no cumpli&oacute; ni un a&ntilde;o cuando huy&oacute;, horrorizada, de un pa&iacute;s donde cada tres pasos que daba deb&iacute;a escuchar que la gente le dec&iacute;a, juntando las yemas de los cinco dedos en ese t&iacute;pico gesto tan italiano, &iquest;por qu&eacute; est&aacute;s perdiendo el tiempo aqu&iacute;?<br \/>\nY si uno llega a decir, como hac&iacute;a yo al principio, que solamente la Rambla ya era de por s&iacute; un buen motivo para venirse a vivir a Montevideo, la respuesta invariable es:<br \/>\n&#8211;Pero esta agua marr&oacute;n y turbia no tiene nada que ver con las playas cristalinas que tienen ustedes en el Caribe.<br \/>\nEn definitiva: aunque el uruguayo est&eacute; en la intimidad orgulloso de su pa&iacute;s &#8211;y vaya que lo est&aacute;&#8211;, ante los extranjeros se siente apenado porque a su juicio no le ofrece grandes emociones. Las playas no son tan lindas como las del Caribe, la ciudad no es cosmopolita como Buenos Aires, ni excitante como Barcelona, ni alegre como R&iacute;o ni fashion como cualquiera de las anteriores.<br \/>\nConstantemente se hacen comentarios que menosprecian la belleza del pa&iacute;s, no porque los uruguayos la menosprecien realmente, sino por la misma infantil verg&uuml;enza del ama de casa que, aunque satisfecha de haber cocinado la mejor lasagna, le asegura a los invitados que no le ha costado ning&uacute;n trabajo prepararla, y mientras m&aacute;s le alaben la comida ella le seguir&aacute; agregando defectos: qued&oacute; salada, qued&oacute; sosa, qued&oacute; cruda.<br \/>\nParece extra&ntilde;o que en un pa&iacute;s con una inmigraci&oacute;n tan importante y que se ha formado precisamente como la amalgama de un enorme abanico de nacionalidades, exista esa curiosidad sobre la presencia del extranjero. Esta injustificada humildad geogr&aacute;fica pareciera insertarse en un conflicto de identidad nacional que ni me corresponde a m&iacute; analizar ni tengo la capacidad para hacerlo.<br \/>\nPero parece evidente que una de las obsesiones de los uruguayos es su viabilidad como pa&iacute;s: si es coherente, si es v&aacute;lido, si se justifica como naci&oacute;n. Y esa obsesi&oacute;n se manifiesta en la pregunta recurrente que nos hacen a los extranjeros sobre su propia identidad.<br \/>\nEn otras palabras, los uruguayos necesitan escuchar que existen, como la amante fastidiosa que pregunta cada cinco minutos si el tipo la quiere.<br \/>\n&#8211;&iquest;Y c&oacute;mo nos ve usted a nosotros, los uruguayos? &iquest;qu&eacute; impresi&oacute;n se lleva de Uruguay?&#8211;, preguntan todos los locutores y moderadores, desde Mar&iacute;a In&eacute;s Obald&iacute;a hasta Emiliano Cotelo, pasando por el prescindible Omar Guti&eacute;rrez, a cuantos extranjeros consiguen entrevistar. Y la mayor&iacute;a de las veces estas pobres criaturas deben improvisar respuestas insatisfactorias porque han pasado s&oacute;lo dos d&iacute;as en Montevideo y los &uacute;nicos locatarios que conocieron fueron los botones del hotel.<br \/>\nA m&iacute; me lo han preguntado miles de veces. Desde el mozo que me sirve la pizza en el bar hasta la funcionaria de Migraci&oacute;n que me entreg&oacute; el documento de residencia mir&aacute;ndome con una intensa pena, cada persona con la que he cruzado m&aacute;s de cinco palabras en estos &uacute;ltimos ocho a&ntilde;os, una por una, todas, todos los d&iacute;as, varias veces al d&iacute;a, sin ninguna excepci&oacute;n, me han abordado con una de esas preguntas o con las dos: por qu&eacute; vine a Uruguay y qu&eacute; opino de Uruguay y los uruguayos. Y as&iacute; transcurre mi vida cotidiana:<br \/>\n&#8211;Un chicle de menta, por favor.<br \/>\n&#8211;&iquest;De d&oacute;nde sos?<br \/>\n&#8211;De Venezuela. Y un Marlboro light.<br \/>\n&#8211;&iquest;Y viv&iacute;s ac&aacute;?<br \/>\n&#8211;S&iacute;. Y nada m&aacute;s.<br \/>\n&#8211;&iquest;Y por qu&eacute; viniste?<br \/>\n&#8211;Porque me gusta.<br \/>\n&#8211;&iquest;C&oacute;mo que te gusta? &iquest;As&iacute; nom&aacute;s?<br \/>\n&#8211;S&iacute;, as&iacute; nom&aacute;s. &iquest;Cu&aacute;nto es?<br \/>\n&#8211;&iquest;Y por qu&eacute; te gusta?<br \/>\n&#8211;No s&eacute;, me gusta. &iquest;Cu&aacute;nto es?<br \/>\n&#8211;Pero est&aacute; brava la cosa en Uruguay.<br \/>\nDe modo que, si Uruguay fuera una persona, la enviar&iacute;a inmediatamente a terapia. Porque parece ser una inteligente y talentosa chica anor&eacute;xica, obsesionada con su identidad y con serios problemas de autoestima, que consigue ahuyentar a todo el que se le acerque.<br \/>\nEscribile a Leila a leila.macor@observa.com.uy<br \/>\nVoy se reserva el derecho de publicar y\/o editar tus notas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una nota salida en el diario El Observador de Montevideo. Me cay&oacute; simp&aacute;tica y muy cierta la observaci&oacute;n de la periodista. ========================================= Uruguay es una chica anor&eacute;xica Nuestra extranjera habla de las bondades del pa&iacute;s y le realiza un diagn&oacute;stico por Leila Macor Cuando hace varios a&ntilde;os anunciamos, mi esposo y yo, que vendr&iacute;amos a [&hellip;]<\/p>\n<a href=\"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/2005\/09\/08\/uruguay_es_una\/\" class=\"more-link\">Read More <span class=\"screen-reader-text\">Uruguay es una chica anor&eacute;xica<\/span><\/a>","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[6],"tags":[],"class_list":["post-100","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-comentarios"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5i1Nj-1C","jetpack-related-posts":[],"jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=100"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=100"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=100"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.sorocabana.net\/cambios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=100"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}