
Hacienda San Isidro. Foto por Luis E. Andrade
Atravesando arbustos de vibrantes colores tropicales,te descubrimos con tus frescas paredes blancas, y tus cascadas de enredaderas verde brillante.Paredes blancas que iluminando reflejaban paz y harmonía. Sin rumbo y ese era el propósito del viaje. Juntos sin itinerario, al desnudo, a solas los dos con el destino. Romper rutinas en un mundo nuevo y desconocido. Tierra virgen ante nuestros ojos .Y ahora sé, que fueron tus ojos de miel y tu piel tostada las que me devoraron de sorpresa con tu gran historia, de esclavitud; liberación y ahora preciosos caballitos de paso fino...
LaJula