Dicotomías…

Leo muchos sitios al día; ventaja que me da el tener una conexión rápida y permanente con el Internet en mi boliche. Claro, como el boliche es mio, no tengo a nadie mirando por encima del hombro a ver que hago y como uso mi tiempo. El tiempo de ocio que tengo en el laburo lo uso para instruirme y para, a veces, escribir mis divagues y estupideces.
Hay un sitio que hace poco leo con asiduidad: el blog de Juan Terranova. Una de las razones que sigo volviendo al sitio es que me cae simpático que cuente su vida de una forma cándida. El fenómeno de los blogs, del cual me considero parte desde hace tiempo, es que quita bastante el pecado de ser un voyeur de pura cepa. Más aun, los blogs convierten al voyeur en espectador.
Juan cuenta sus cosas de una forma bastante similar a otra persona que leo asiduamente, desde hace bastante tiempo, y con el que a veces me correspondo: Wil Wheaton. Los que son fanáticos de Rumbo a las Estrellas, Nueva Generación (Star Trek, The Next Generation) deben de recordarlo como el Ensign Wesley Crusher. Wil me cae bien, no solo por su candidez, sino porque se comporta como un loto en medio del pantano de egos inflados que es Hollywood.
Pero volviendo a Juan, hoy escribió algo que me hizo pensar y reaccionar –sí, el escribir un comentario, bueno o malo, es reaccionar a lo leído–. El comenta:

Todos los días me levantó y me hago la misma pregunta: ¿Tiene que cargar el escritor con la limitaciones del lector? No tengo una respuesta clar. En todo caso, lo que más se acerca a una respuesta es que el escritor tiene que jugar con las limitaciones del lector. Aparte es más desafío. Si uno las niega de cuajo, escribir es demasiado fácil.

Creo que entiendo por donde viene la mano. Juan, no solo es escritor, también es marido y futuro padre. Las prioridades son claras a la luz de que, si se quiere tomar una senda más o menos segura al escritorio de un editor simpatético y ser publicado, su obra tiene que adaptarse a los gustos y capacidad del lector sus gustos. Digo sus gustos porque el editor es el filtro, autoadjudicado, de la platea. Hay que entender, por supuesto, que las editoriales comerciales –sí, las hay de las otras– están para ganar dinero y como tales tienen sus propias prioridades, pero, eso no significa que estén siempre, o incluso cerca de estar, correctas.
Para mi el trabajo de escritor, de lo cual no presumo, vamos a aclarar, es otro. Algo más honesto. Es sacar afuera algo que está esperando pacientemente a empatarse con la tinta. Es un dolor de parto unisex. El día que no duela es porque el escritor acaba de parir. Lo que viene después es el coito con una nueva idea y la gestación relativamente corta de un boceto. Para mi, el tratar de moldear a ese hijo a los gustos de la platea, es como gestar al hijo de una violación. En cada caso, como siempre, el resto es parto…

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